¿Hay un mercado para la música tucumana en Tucumán? Existen muchas respuestas posibles, y la mayoría de ellas son positivas. ¿Y entonces? La realidad está muy lejos de esa afirmación.
Hay músicos y compositores talentosos en todos los géneros. Sí, es cierto que son más los que no alcanzan los más mínimos estándares de calidad o buen gusto (en la más amplia acepción del concepto); hay espacios físicos donde mostrar la producción, aunque escasos y de características poco agradables; hay buenos estudios de grabación y técnicos de muy buen nivel; no hay disquerías (ahora venden CD entre heladeras y cocinas), como ocurre en casi todo el país; y hay un pequeño público dispuesto a pagar una entrada cuando lo que se ofrece vale la pena.
Hay mucho en este ambiente en el que se desarrollan las condiciones para el intercambio de música, ya sea a nivel social o virtual, que es lo que define la constitución de un mercado.
Las industrias culturales se desarrollan por el encuentro entre todos estos factores, y de algunos más. El Estado, por ejemplo, debería tener una participación decisiva. Se trata de la definición y fortalecimiento de los patrones sociales que forman la cultura de un pueblo y su identidad. En Tucumán, la ausencia estatal es lo que mejor define la situación. Porque la contratación ocasional de determinados artistas para ofrecer shows o talleres poco aporta en ese sentido.
Y es mucho lo que resta: la restricción horaria, que atenta contra la movida nocturna; las dificultades para habilitar locales dedicados a la producción cultural (normas municipales y provinciales creadas para impedir y no para fomentar); la sobrevaloración de productos de otras tierras; la falta de creación de medios de difusión, comunicación y debate.
Desde la Nación llegan otros vientos, que tal vez hagan girar las haspas provinciales. El PreMICA que se desarrolló en Tucumán hasta el sábado así lo demuestra. Se produjeron encuentros entre editores, músicos, técnicos y pequeños empresarios, con resultados aparentemente satisfactorios para esta primera experiencia.
El desarrollo de un mercado de la industria cultural no debería recostarse en la inversión económica estatal, sino en la apertura de los espacios para crear y fortalecer las herramientas que le permitan crecer y estabilizarse. Hay mercado, solo hay que saber buscarlo y robustecerlo.